Checame.Como una meta realizada fue la visita efectuada a nuestro entrañable paisano Carmen Dilio Valera (Checame el ovejo). No fue muy fácil su ubicación pero la constancia fue la condición que nos hizo llegar a sus residencia, desde hacia tiempo le veníamos haciendo seguimiento. Mi primer contacto fue en Mitón, a través de mi amigo Felipe Cañizalez, donde pudimos conocer su ubicación: en la Ceiba por el tres de febrero en Trujillo. El día martes 23 de diciembre, salimos a su ubicación. Me acompañaron mis hermanos José Felipe y Polo; serian como a las 9:00 AM cuando llegamos al pueblo del tres de febrero, solo sabíamos que se encontraba en la casa de su hermano German Valera,– a ese lo conozco yo afirmo José Felipe. Efectivamente llegamos a la casa de German Valera, pero este no era. Al German que ubicamos era precisamente el hermano de ¡Checame!, pero de Checame Linares residente del pueblo de Mitón, padre de unas hermosuras de hijas que viven en la joya. No estábamos tan equivocados, pues con la suerte que el amigo German conocía a su “tocayo”, su vivienda estaba a pocos kilómetros de allí.

Con la ayuda de German, logramos por fin, llegar a la residencia donde se encontraba Checame. Dios cuanta alegría, fue como revivir un personaje de tu historieta favorita, solo que al ver su rostro envejecido por los años (69), su cuerpo minimizado por la dureza de su enfermedad, sentado en una silla rueda, sentí el contraste de lo que fue su juventud en las calles de mi pueblo. Su alegría, cantar; todavía retumban en mi mente letras de canciones rancheras de Antonio Aguilar, que él solía cantar “por el amor a mi madre voy a dejar la parranda”… condición que él nunca dejo hasta enfermase, tocar el cuatro, las melodías del peine con su papel celofán que acompañaban sus eternas parrandas. Solo en la mente de nuestra generación, aquellos que logramos conocerlo en su juventud, podemos dar fe de lo amistoso y popular de este paisano.

Al verme me dijo –Primo voz soy Rogelio…el hijo del señor Tista, me contuve un poco para no demostrar mi emoción al verlo … y mire alrededor, a toda estás, había pasado desapercibido la presencia de su hermano German, gran hombre, mitonero, trabajador del campo el cual me saludo muy efusivamente. A su lado el señor Ramón Méndez otro paisano que vivió en cerro gordo; también le gusta cantar y tocar cuatro “que el juicio”, que a pesar de sus 86 años se ve más fresquito que una lechuga; hay que ver la destreza con que realiza las actividades del campo.

Regrese de nuevo con Checame y lo interrumpí de la amena conversación que sostenía con mi hermano Polo, le pregunte ¿Checame todavía tocas cuatro? –Eso no se olvida y las ganas no me faltan, pero mis manos no me ayudan; me mostró sus dedos con síntomas de la enfermedad de artritis. Miro a todos los presentes y nos dijo – yo fui a una congregación de sanación de evangélicos y el “señor” me hizo caminar, ¡primo! caminaba hasta… allá lejos, hasta la otra parcela poco a poco pero caminaba, pero volví a caer en esta silla porque las piernas ya no me dan; mostrando sus piernas muy delgadas. Sin perder el hilo de la conversación comento – yo, de mi pueblo sé, porqué escucho mucho a radio Valera, la otra vez escuche cuando complacían a tu mama, dijeron “para complacer a la hermana Romelia Gil en los higuerones de Mitón”.

Faltó tiempo para conversar con Checame, él no desaprovecho oportunidad para contar sus vivencias en el pueblo, recordando con alegría y a veces con tristeza la anécdotas de algunas persona que ya no están, como es el caso de Pedro Perdomo y Ramón Montilla, personajes con quien mantuvo gran amistad. Finalmente nos comento — las instituciones del estado me han tratado de ayudar, pero es que no me consiguen la partida de nacimiento en Mitón, — Pues la que yo tenía se la comió un burro junto a la baja militar, cuando me echaba unos palitos de miche en un negocio de Chejende. Nos agarro la tarde en su casa tomando una taza de café y debíamos regresar ese mismo día a Mitón. Antes de márchanos nos dio su numero telefónico, nos dijo – déle la dirección a los amigos de Mitón para que me visiten, ¡por aquí los espero!. Nos despedimos de él, de su familia y sus amigos, que con mucha gentileza nos trataron, prometiendo pronto regreso.