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Por los años de 1946 vivía en el pueblo un señor llamado Olivo Gasperi, que se caracterizaba por ser una persona muy alegre y bromista, comentá la Señora Zoila que para esos tiempos, utilizaban los sonidos que producían las campanas de la iglesia para alertar a la población de peligros. Pues a Olivo, se le ocurrió un día a las doce de la noche, atar un mecate largo de las campanas de la iglesia y en la otra punta,  amarro un jazz de paja que quedo colgando del mecate, luego busco un burro que encontró por un potrero en el filo y lo puso para que se comiera la paja, cada vez que el burro mordía la paja, entonces jalaba la cuerda y hacia sonar la campana, eso hizo despertar al pueblo y ponerlos alerta, cuando llegaron a la iglesia se dieron cuenta de la broma que los había trasnochado.

Rápidamente el Sr. Víctor Valera quien para la época era el jefe de la aldea de Mitón y el policía de campo León Muñoz, buscaron a Olivio para ponerlo preso…. una vez mas en la prefectura del pueblo.

Un paseito en bicicleta.

ciclista

Cuando vivíamos en el pueblo, estaban pequeños mis sobrinos. Darío era el hijo  mayor de mi hermano Juan María tendría como unos 10 años, también contemporáneo con él, era el hijo de Tista Valera, Franco, quien tenía una bicicleta nueva que la alquilaba para dar vueltas a la plaza y las calles principales del pueblo. Darío en una oportunidad, tomo a escondidas un “fuerte” del negocio de su papa, negocio, que estaba ubicado en la calle comercio frente a la casa de los Gabaldones. Como él era monaguillo llevo la moneda a la iglesia, y lo escondió debajo del manto de la imagen de Santa Filomena, mientras hacia sus obligaciones  para después alquilar la bicicleta a su amigo Franco. Se  encontraba  Darío limpiando una de las banquetas de la iglesia, cuando paso el cura frente a la imagen de Santa Filomena y noto un poco levantado su manto, se acerco y dijo — aah quien seria esta alma caritativa que dejó esta limosna …. ¡ Que dios se lo pague!. Muy cerca de allí, miraba Darío con disimulo como el cura guardaba el “fuerte” en el bolsillo y con ello se esfumaban sus deseos de montar en bicicleta.